Neruda en un mal día

Y no es que uno tenga un mal día.

Tampoco, gracias al Dios, es que a uno le guste Neruda.

A final de cuentas uno (uno que sea como yo) podría, cualquier día (cualquier un día), escribir los versos más felices cualquier día…

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.”

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más felices cualquier noche.
Yo la quiero, jaaaaaaaaaa.

Y sea este cotidiano ejercicio de bufón y andar entre calles y calles, y risas y lo otro, uno (ese uno que nunca alcanza a atrapar lo otro) apura las hojas, con la esperanza de que fluya la tinta, esa cotidianeidad de tres pesos que alcanza a salir de entre los dedos.

Y uno sonríe, esperando que hoy y siempre, los Neruda tengan un mal día.

=)

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